Salimos del camping y nos dirigimos al parque natural Zion Canyon, en Utah, recorriendo durante 2 horas parajes maravillosos como la carretera del Monte Carmel (es espectacular pero no le llega a la suela de los zapatos de nuestro monte Carmelo, en Barcelona).
El parque es muy bonito pero está saturado de turistas, nos costó 30 minutos encontrar aparcamiento. Sólo hay un parking para dejar el coche y te lleva un shuttle gratis, para recorrer todo el parque y acceder a las rutas.
Pasamos un calor asfixiante pero nos pudimos refrescar en el río Virgin, que es el principal elemento erosionador del cañón. El río parecía una playa porque la mayoría de los turistas iban preparados con sus bañadores y hasta sombrillas de playa que clavaban en la orilla.
Cogimos el shuttle y fuimos hasta el final del parque para realizar la ruta de Riverside Walk, que rodea el río Virgin a través de un cañón. Fue una caminata sencilla y con unas preciosas vistas a los cliffs rojizos pero con un calor sofocante, unos 38º. Nos sentíamos pequeños dentro de la inmensidad del cañón.
Después de pasar tanto calor hicimos la ruta de Weeping Rock Trail, donde la pared llora agua nutriendo a un precioso jardín colgante dando frondosidad y color verde en una zona tan árida. En primavera suele ser más abundante la caída del agua formando cascadas. Aprovechamos para refrescarnos, otra vez. Quizás, es lo que más nos gustó del parque.
Después de hacer varias caminatas, decidimos tomarnos un descansillo en el césped del Zion Lodge, que tiene un árbol gigante en el centro y da una sombra que agradecimos un montón.
Y para acabar el día en el parque, hicimos las rutas de las piscinas esmeralda. En el camino nos encontramos unos cuantos bichos, una serpiente, ardillas, lagartos e insectos varios. Esa noche, Elena tuvo pesadillas con serpientes, pues les tiene pánico!
Al atardecer nos fuimos del parque para pasar la noche en Kanab, un pueblo típico del Far West escenario de los westerns de los años 60 con Clint Eastwood y compañía. También se han rodado películas actuales como Maverick, Ironman o Transformers.
De camino, tuvimos que parar a fotografiar a unas cabras ya que estaban posando para nosotros.
Nos alojamos en el Treasure Trail Motel, donde nos atendió una yaya que estaba verdaderamente cascada con una artrosis de mucho cuidado. El motel es realmente típico, todas las habitaciones son bajos a modo de casitas apareadas con el aparcamiento en la puerta.
Nos dimos un bañito relajante en la mini-piscina-charca del motel con vistas a los montecillos pelados que asomaban en el paisaje árido de Kanab hasta que se levantó un vendaval que olía a tormenta del desierto. Cenamos en el Spurs Grill, un restaurante típico americano a pie de carretera, con las mesas al lado de la ventana, ventiladores de aspas y decoración hípica y de Western. Absolutamente recomendable si os dejáis caer por ahí. Buenísimas las Ribs (costillas con salsa barbacoa) y el steak Texas Size T-Bone (un mega chuletón de medio kilo).
Al ver los platos creímos no poder acabarlos, pero la carne estaba deliciosa, se deshacía en la boca y no dejamos ni las sobras para los perros. No nos gustó nada la Zion Canyon beer, bastante repugnante y aún más pensando que está fabricada con las aguas marronosas del Virgin river…
Al acabar, charlamos con el chico que nos atendió (vaya inglés que tienen, parece que hablan con una zapatilla en la boca y la nariz tapada) y nos fuimos a dormir con la barriga a reventar.
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