martes, 19 de julio de 2011

12 de Julio - Death Valley

PUBLICADO POR ELENA
Este parque teníamos previsto visitarlo el día 11. Sin embargo, decidimos pasar un día más en Vegas siguiendo el consejo de Ingrid y César, sacrificando el parque Sequoia y King Canyon que habrá que dejarlo para la próxima…
Así que al abandonar Vegas y adentrarnos en el desierto empezó a caernos la noche encima y encontramos un cutre motel de carretera en el poblado de Beatty, un antiguo centro minero a las puertas del Valle de la Muerte. Aprovechando el último suspiro de luz del atardecer visitamos el vecino Rhyolite, un pueblo fantasma que en el siglo XIX prometía ser la capital de Nevada debido a la explotación de sus minas en las que invirtieron su dinero muchos especuladores, pero finalmente no resultaron ser muy provechosas.
Con el fin de evitar las altas temperaturas, nos pegamos un madrugón y al romper el alba ya estábamos en marcha en dirección al P.N. Death Valley. Solo llegar, decidimos llenar el depósito de gasolina para evitar contratiempos, por si las moscas. Es que el nombre del parque se las trae y acojona, el Valle de la Muerte… Y realmente, poca gente había.
La primera visita fue al Zabriskie Point, un mirador con vistas a las montañas de piedras rojas y doradas moldeadas por la lava, y dedicado a un ingeniero que trabajó en la zona. Aun no hacía un calor exagerado…
Después ascendimos 3000 metros hacia el Dante’s View, para disfrutar de unas vistas preciosas del valle cuyas montañas secas acunan el gran lago salado llamado Badwater. En este punto, Edu tropezó y se hizo un súper corte en el dedo pequeño del pie. ¡Cómo sangraba! El Valle de la Muerte empezaba a acabar con nosotros…

Con Edu lesionado, fuimos a visitar la zona de Artist’ Views. Para llegar hasta ahí tuvimos que atravesar una carretera de curvas super chula, entre montañas volcánicas, y con lagartijas blancas que se nos cruzaban al paso. La tonalidad de las montañas variaba entre ocres, negros y rojizos. Es una zona sobre la que actuó la lava hace millones de años y por eso hay diversas tonalidades. Empezaba a hacer calor, estábamos a unos 35 grados.

Seguimos nuestro tour por el Death Valley hasta el Badwater, un inmenso e impresionante lago de sal cristalizada y solidificada como si de una pista de patinaje se tratara, en medio de montañas y más montañas. Lo más interesante es que este lago se encuentra a 80 metros por debajo del nivel del mar, pero sin embargo no tiene agua. Esto se da en ambientes extremadamente secos como el que encontramos en este horno de la muerte. La verdad es que es impresionante lo que la geología y naturaleza llegan a hacer. Fue en ese momento cuando el calor empezó a hacerse tan intenso, alcanzando los 50º, que a mí me dejó ya K.O. para todo el día.

En el Badwater encontramos un Hummer súper patriótico pintado con la bandera americana por todos lados.

Super sofocados, fuimos al Visitor Centre del valle donde pudimos encontrar aire acondicionado a tope y vimos un roadrunner (el famoso correcaminos de la Warner) pululando por ahí. La verdad, es que no se parece en nada al correcaminos de los dibujos animados.

Por el camino, vimos varios desiertos de arena, el Joshua Tree y una carrera internacional de corredores extremos. Hay que tener mucha afición para correr por el desierto con esos calores.
Salimos del desierto y el paisaje empezaba a cambiar; ya se veía más naturaleza viva con tonos verdes y pájaros revoloteando cuando decidimos poner rumbo a Lone Pine para zamparnos una cheeseburger en el restaurante Mt Whitney. Los camareros eran dos chavales de sólo 10 y 15 años y el cocinero era el padre. ¡Todo quedaba en familia!

Nos hizo mucha gracia encontrarnos un colegio en Lone Pine con los típicos School Bus americanos aparcados en la puerta.
A media tarde, llegamos a los alrededores del Parque Natural de Yosemite; nuestra sorpresa fue que salíamos del desierto con una temperatura de 50ºC para entrar en una zona nevada y a 10ºC… Y nosotros en bermudas y chanclas, qué frío!!!
Para llegar hasta aquí, recorrimos un larguísimo camino desde los desiertos de California hasta las montañas del Noreste de Sierra Nevada (sí, también tienen una Sierra Nevada en Estados Unidos). De hecho, pasamos de una altitud de 80 metros bajo el nivel del mar en Badwater a 3.000 metros positivos en este puerto de montaña, de ahí esa variación de temperatura tan bestia.
Qué alegría encontrar la belleza de montañas nevadas, lagos rebosando de agua, cascadas, rápidos y riachuelos después de un día tan sofocante. En la orilla del río Tioga encontramos un abuelo (veterano de guerra, por cierto) con su nieto haciendo pesca deportiva y nos comentó que el motivo de la nieve y el gran caudal de los ríos en esta época se debía a que ha sido un invierno de fuertes nevadas.
Conseguimos alojamiento en una cabaña en la Tioga Road, que es la carretera del puerto de montaña que constituye el acceso noreste al parque Yosemite. La cabaña construida con auténticos y gruesos troncos de álamo era preciosa y cara (196 $ / noche). Formaba parte del complejo de cabins del Tioga Resort; estaba totalmente equipada (baño, cocina, calefacción, utensilios de cocina, microondas, nevera) y su mayor encanto era la ubicación a pie de un arroyo. Esa noche dormimos con el sonido relajante del agua.
Por la noche, nos pareció ver a Heidi y su abuelo caminando por la nieve, pero no nos atrevimos a salir de la cabaña por miedo a ser atacados por un oso.

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