martes, 19 de julio de 2011

10 y 11 de Julio - Las Vegas

PUBLICADO POR EDU

Tras el agotador viaje cruzando el desierto de Arizona cuyo recorrido incluyó tramos de la famosa ruta 66 y con el amenazador Lorenzo en su punto culminante del día poniendo a prueba al climatizador de nuestro RAV-4, alcanzamos la SIN CITY.

A las 18h nos estábamos dando nuestro primer bañito relajante en el jacuzzi de la habitación del Luxor, un hotel – a la vez que casino como todos los hoteles de Las Vegas – con toda clase de lujos y ambientado en el antiguo Egipto, que ofrece gangas a partir de $50 por noche.

El edificio, escoltado por la gran Esfinge que nos recibe a la entrada, es una pirámide de cristales negros tintados que constituyen las ventanas de las habitaciones, asegurando la intimidad de sus huéspedes. Es decir, que pudimos bañarnos en el jacuzzi y asomarnos en pelotas a la ventana de cristales ahumados sin ser vistos desde fuera… ¡Una pasada! La ventana de nuestra habitación daba a la gran piscina comunitaria donde había mucha marcha pues pinchaban los grandes hits dance del verano.

Por la tarde-noche nos recorrimos la strip, la avenida en la que se encuentran los hoteles más famosos. No nos extenderemos demasiado en este punto, sólo decir que aunque no os llame la atención quemar el dinero en los casinos, la ciudad del pecado ofrece toda clase de divertimentos, desde visitar los hoteles temáticos, cuya fachada-apariencia-decorado de cartón-piedra está bastante bien conseguido, hasta asistir a espectáculos de piratas en el Treasure Island o payasos, magos y trapecistas en el casino Circus Circus, sin olvidar el maravilloso espectáculo de la fuente mágica del Belaggio bailando a ritmo de adagio.
Los hoteles-casinos que más nos gustaron fueron el Venezian con una réplica de la Piazza di San Marco, el ponte di Rialto  y el Cannaletto con sus gondoleros cantando a cappela, también el Paris y su torre Eiffel y las réplicas del Empire State, puente de Brooklyn, Lady Liberty y el Little Italy del New York - New York.

También es un espectáculo visual el zoo de gente que pasea por Las Vegas, y el colorido que ofrecen las enormes pantallas y neones publicitarios parpadeando constantemente y desconcertando a las miradas perdidas en el horizonte de litros de alcohol y drogas (en un momento vimos 2 arrestos, que seguro eran por ese motivo).



Los interiores de los hoteles también son espectaculares con decorados cartón-piedra muy bonitos y unas dimensiones descomunales que nos hicieron perdernos constantemente. Además, los hoteles-casino se comunicaban interiormente lo que nos llevó casi toda la noche a caminar a la deriva por salas inmensas y pasillos interminables.


Nuestros pies extenuados pedían descanso y desesperados a las 23h cuando pensábamos que ya no nos darían de cenar, recordamos que estábamos en la ciudad que nunca duerme para dejarnos caer en un restaurante tailandés evocando recuerdos de nuestra luna de miel.

Echamos unas pocas partidas a las tragaperras, a la ruleta y al blackjack en el casino del Luxor, pero en menos de 2 horas ya nos habían soplado los $50 de presupuesto y nos mandaron a dormir. Y yo pensaba que el Gibert era el que me daba mala suerte en el Casino de Barcelona pero tras el fiasco de Mónaco el verano pasado y ahora Las Vegas, es la confirmación de que esto no está hecho para mí.

Ya de buena mañana, aún había gente jugando en el casino del Luxor, la mayoría a solas, intimando con el crupier. Si es que hay que estar enfermo…
Nos habían hablado muy bien de los buffets y sin embargo fuimos al del Circus Circus y no valía nada.
Antes de abandonar Las Vegas subimos al mirador del Stratosphere que ofrece unas vistas maravillosas. Parece mentira lo grande que es la ciudad y como se adentra en la planicie del desierto. Y aún más fuerte es el hecho de que todo esto ha crecido entorno al juego y el pecado.